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Domingo, 10 de noviembre de 2013

Primera lectura

LECTURA DEL SEGUNDO LIBRO DE LOS MACABEOS 7, 1-2. 9-14

En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley. Uno de ellos habló en nombre de los demás:

-- ¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres.

El segundo, estando para morir, dijo:

-- Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna.

Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la lengua, lo hizo en seguida, y alargó las manos con gran valor. Y habló dignamente:

-- De Dios las recibí, y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios.

El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos. Cuando murió éste, torturaron de modo semejante al cuarto. Y, cuando estaba para morir, dijo:

-- Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida.

Palabra de Dios


 
Segunda lectura

LECTURA DE LA SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS TESALONICENSES 2, 16--3, 5

Hermanos:

Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre --que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza-- os consuele internamente y os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas. Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la palabra de Dios, siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros, y para que nos libre de los hombres perversos y malvados, porque la fe no es de todos. El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del Malo. Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado. Que el Señor dirija vuestro corazón, para que améis a Dios y tengáis la constancia de Cristo.

Palabra de Dios


 
Evangelio

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 20, 27-38

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:

-- Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.

Jesús les contestó:

-- En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.

Palabra del Señor


 
Comentarios

No es Dios de muertos, sino de vivos.

 

         Este versículo del Evangelio es el mejor resumen del mensaje de la Palabra de Dios en este domingo treinta y dos del tiempo ordinario. Este mes de Noviembre que comenzamos con la solemnidad de todos los santos y seguimos con la conmemoración de los fieles difuntos, nos sigue hablando de resurrección y de vida.

         La primera lectura es impresionante. Es aconsejable leer todo el capítulo, el séptimo del Segundo Libro de los Macabeos, para comprender el alcance de todo el relato. Los versículos que nos ofrece la traducción litúrgica son muy importantes pero quedan escasos. Estamos en el siglo segundo antes de Cristo, el sanguinario rey Antíoco IV Epífanes emprende una persecución contra los judíos observantes. Encuentra respuesta y contestación en los Macabeos y en familias como la que narra el texto. Una madre con sus siete hijos que antes de rechazar la fe en Dios y el cumplimiento de la ley sufren el martirio. Es en este capítulo, junto a otros del libro de Daniel, donde por primera vez en el Antiguo Testamento se habla de resucitar para la vida eterna. El sacrificio del martirio, no puede quedar sin la recompensa de Dios. Faltaban dos siglos para el acontecimiento de la resurrección de Jesucristo, pero ya textos como el de Macabeos nos hablan de un Dios que “nos resucitará”.

         El Evangelio de Lucas se sitúa entre las controversias que Jesús mantiene con diferentes grupos religiosos de su tiempo en la explanada del Templo de Jerusalén. La del texto que nos ocupa, con los saduceos. Un grupo importante e influyente en el Sanedrín, caracterizado por no creer en el resurrección. A este grupo y a otros muchos les costaba admitir el anuncio realizado por Jesús, hasta por tres veces, de que iba a resucitar. Por ello le preguntan con un caso práctico e hipotético, qué pasaría con una mujer que por cumplir la ley del levirato de Moisés se hubiera casado con siete hermanos sin dejar descendencia. Cuando muriese la mujer y resucitase, de qué hermano sería la mujer?. Normalmente a estas preguntas tan concretas Jesús responde con un principio general que invita a la reflexión, y en este caso, a la confianza en su Palabra. No podemos aplicar los mismos esquemas de relaciones y matrimonios a la vida de la resurrección. En la vida futura de la resurrección todo es nuevo, diferente, pleno, como ángeles, hijos de Dios en plenitud. Además, Jesús añade un argumento de la Sagrada Escritura, el mismo Moisés habla del “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. Por ello Dios es un Dios de vivos, no de muertos.

         Nuestra fe cristiana se fundamenta en la resurrección de Jesucristo, pero nos cuesta encontrar respuestas concretas al cómo, cuándo, dónde,...viviremos esa plena resurrección y vida, de cuerpo y alma, total, completa. Por ello pidamos al Señor que fortalezca nuestra fe y nuestra esperanza. El Señor, amigo de la vida, quiere que la cuidemos y protejamos a lo largo de toda ella, en todas sus etapas y dimensiones. Sabiendo además que junto a Él la viviremos eternamente en la plenitud.

 

 

                                                        Luis Gurucharri Amóstegui


 
Leyenda



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