Multimedia | Contacto          
Interior 1/4
Fachada 2/4
Retablo 3/4
La iglesia 4/4

Domingo, 07 de abril de 2013

Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 5, 12-16

Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor.

La gente sacaba los enfermos a la calle, y los ponla en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno.

Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos se curaban.

Palabra de Dios.


 
Segunda lectura
Lectura del libro del Apocalipsis 1, 9-1 la. 12-13. 17-19

Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la constancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios, y haber dado testimonio de Jesús.

Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente que decía:

- «Lo que veas escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete Iglesias, le Asia. »

Me volví a ver quién me hablaba, y, al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho.

Al verlo, cal a sus pies como muerto.

Él puso la mano derecha sobre mi y dijo:

- «No temas: Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo.

Escribe, pues, lo que veas: lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde.»

Palabra de Dios.


 
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

- «Paz a vosotros.»

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

- «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. »

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

- «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

- «Hemos visto al Señor.»

Pero él les contestó:

- «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

- «Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás:

- «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás:

- «¡Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo:

- «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor.


 
Comentarios

Resucitó ¡ALELUYA!.

 

         Estas dos palabras marcan el tiempo litúrgico que estamos viviendo, el que estamos celebrando tras el Triduo Pascual. Durante la octava y la cincuentena pascual es importante que permanezcan en nuestra memoria y en nuestro corazón. Sí, Jesucristo ha resucitado y ha transformado toda la historia de la humanidad. Es el acontecimiento que da sentido a nuestra fe, y que colorea nuestra vida de esperanza. Con Cristo resucitado nada hay que temer, ni siquiera a la muerte. La palabra Aleluya es la aclamación de alabanza que gritamos y cantamos, en las celebraciones al Señor, significa literalmente: Alabad a Yavé. Alabanza que incluye un profundo agradecimiento al Señor.

         Las lecturas de estos días nos han relatado cómo los evangelistas se empeñaron en poner por escrito un acontecimiento que les sorprendió. Jesús resucitado se apareció a los suyos, el resucitado es el mismo que el crucificado, de ahí la insistencia de mostrar las señales de su pasión y muerte. Resucitado, Jesús se hace presente a los suyos para que continúen su misión.

         El evangelio de este segundo Domingo de Pascua, llamado también Domingo de la Divina Misericordia por petición del beato Juan Pablo II, es muy sugerente para nuestra oración y meditación. En la primera parte, la aparición de Jesús resucitado con los dones o regalos de la Pascua: el saludo y don de la paz; el don del Espíritu Santo; y el poder de perdonar o retener los pecados. Los discípulos pasan del miedo y su cerrazón, a la alegría que sólo el Señor puede proporcionar, y a recibir la misión de contiuar la misma misión que Jesús. El Padre ha enviado a Jesús, y ahora, con la fuerza del Espíritu, los discípulos son enviados a prolongar la misma tarea, el mismo proyecto. Qué hermosa la referencia trinitaria en la recepción de la misión que los discípulos y nosotros debemos realizar.

         La parte central la ocupa el encuentro del Resucitado con Tomás. María Magdalena, las mujeres, Pedro, Juan, el resto de apóstoles, todos han tenido que hacer un camino de fe personal y único para aceptar al Resucitado. El camino de Tomás es también particular, diferente, necesita tocar para creer, no le basta el anuncio de sus amigos. Y Jesús, en una nueva aparición concede el deseo a Tomás, que finalmente cree sin tocar las manos y el costado de Jesús. Su confesión de fe es plena, auténtica: “Señor mío y Dios mío”, reconoce la divinidad de Jesucristo y su señorío. También la invitación de Jesús a no ser incrédulo, sino creyente. Tomás refleja muchas de nuestras tibiezas y dudas ante la presencia de Jesucristo en nuestra vida. Vivamos con gozo la fe, la Palabra, la Eucaristía dominical son la oportunidad, el mejor regalo para encontrarnos cara a cara con el Señor. Nos sintamos también enviados a continuar en la Iglesia de este siglo veintiuno, la misma misión que recibieron los primeros discípulos. Y sintámonos dichosos, felices, bienaventurados por creer sin ver, pero creer por experimentar, sentir, confiar.

         Finalmente los últimos versículos de este texto, se consideran el primer final del cuarto evangelio. Recuerda los signos que Jesús realizó, siete según San Juan, y este definitivo, el de la resurrección, narrados todos ellos y otros que se podrían contar, para suscitar la fe en Jesús Mesías, Hijo de Dios, y para que creyendo tengamos vida. El evangelio de San Juan es el evangelio de la fe. Pretende que ante Jesús, confiemos plenamente en él. Una fe para la vida, que se traduce en actitudes, compromisos concretos y que la Iglesia continuamente nos invita a revisar y practicar.

         Los Hechos de los Apóstoles dicen que los primeros apóstoles hacían muchos signos y prodigios tras la resurrección, ¿cuántos y cuáles hacemos nosotros?.

 

 

                                                        Luis Gurucharri Amóstegui


 
Leyenda



Parroquia Santiago Apóstol, Avd. El Parque, 17 – 22003 Huesca – 974 220 331  / Diseño y Desarrollo WebDreams
Enlaces | Mapa Web | Multimedia | Contacto